FELIZ NAVIDAD
Ayer volvió a ocurrir, y no es
que lo esperara no, pero no me resultó extraño para nada cuando de pronto la vi
dirigiéndose por el largo pasillo de la sala de oncología en el hospital donde
trabajo hacia mí, María, hija de una paciente nuestra. Desde que nos conocimos en
una primera visita al médico oncólogo hace varios años, ellas dos al igual que
otros y otras pacientes recuerdan esa primera visita, ese primer diagnóstico,
con angustia, miedo, desconfianza y experiencias con temores al futuro
incierto.
Pero, ahí estaba yo, y fui yo
quien sujetaba sus temblorosas manos y acurrucaba sus miedos.
Todas estas emociones no me las
quita nadie, y he ido madurando junto a ellos y saboreando cada día más la vida
y los pequeños encuentros y ratos con los míos, no queriendo dejar ni un solo
momento de agradecer a la vida, la mía; alejando
de mi alrededor todo lo negativo y como un imán atraer lo bueno y positivo.
Y un año más, el mismo día y por
la mañana, como siempre, María. Su mano derecha sujetando una pequeña bolsa
roja, y dentro una tarjeta y ese minúsculo detalle envolviendo dentro, AMOR, y
es para mí, solamente para mí. Y soy feliz.
Y he tenido otro regalo, esta vez
de mi compañera de trabajo: un libro, pero no le he dado la importancia que quizás
ella piense con el libro sino a las palabras que me ha dedicado, unas frases
que han surgido desde lo más profundo de su corazón y que solamente ella y yo conocemos
su significado.
Podréis comprender lo emocionada
que estoy, y saber que la gente que atendemos en el hospital, y que tantas y
tantas veces nos reímos y lloramos con ellos, que con dos palabras o dos
miradas hacen que una tenga la mayor satisfacción del mundo.
Gracias por conoceros y FELICES
FIESTAS.




