Este fin de semana he estado en Madrid en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, en el 9º Congreso del Grupo Español de Pacientes con Cáncer. En esta ocasión como Ponente; con mi libro Del hospital a casa ¿y ahora qué?
Al igual que siempre ha sido una experiencia maravillosa, en donde las preguntas de enfermos y familiares de cáncer te hacen reflexionar sobre nuestras vidas y es por lo que debemos de disfrutar al máximo de los nuestros y de esos pequeños momentos que a veces desaprovechamos.
Estuve acompañada por la Asociación de ASLEUVAL y con los que compartí muy buenos ratos.
CUIDAR NUESTRA SALUD
Lo más difícil a los que se enfrenta el cuidador es al desgaste, tanto físico, psicológico como social. La vida del cuidador cambia a medida que la enfermedad se hace más presente. Ya no tienen el mismo tiempo libre, lo cual influye es su estado de ánimo y en su salud. Considero que los cuidados hacia el cuidador deberían de comenzar en el mismo momento que se diagnostica la enfermedad. El cuidador nunca debe de olvidarse de sí mismo. De su buen estado dependen los cuidados al enfermo.
PROCEDIMIENTO PARA LA ADMINISTRACIÓN DE ENEMAS
Como el personaje de una novela, la vi cuando entré a una farmacia de guardia. La protagonista de la historia es una mujer entre los 50 y 60 años, pidiendo ayuda para su madre enferma y encamada que lleva varios días de estreñimiento, ella delante de mí, solicitando algún remedio para el malestar que le suponía no poder evacuar. Yo la escuchaba, al tiempo que la farmacéutica le aconsejaba un enema de limpieza. Ella no sabía de qué estaba hablando, si eso se tomaba por la boca, fue una de sus preguntas. Allí los asistentes, varios de ellos, esbozaron una tímida sonrisa. La farmacéutica le dijo que de lado izquierdo, y ella volvió a preguntar, ¿de que lado? mostrando su extrañeza. Tumbada sobre la cama, contestó. Quise entrar en la conversación pero fue imposible. La mujer pagó y salió a la calle. Entonces yo perdí el turno de espera, y salí detrás de ella, en un afán de querer explicarle en que consistían los enemas.
El poco espacio de tiempo que perdí mientras hablaba con el muchacho que iba detrás de mí en la cola de la farmacia, hizo que cuando salí a la calle ya no pude verla.
Mi reflexión me lleva a pensar que es muy fácil reírnos de aquello que nosotros sabemos pero no los demás, de igual modo creemos que con una mínima explicación lo entienden. Si a la farmacéutica no le hubiera importado “perder” un mínimo y corto espacio de tiempo en explicárselo de manera que ella pudiera entenderlo, tal vez yo no hubiera perdido mi turno, y tampoco dudaría de si habrá sabido administrarle el enema a su madre.
La manera de poner un enema de limpieza en el recto sería:
Lubricar la cánula con vaselina.
Colocar al enfermo acostado sobre la cama de lateral izquierdo, con la pierna derecha flexionada.
Retendremos la solución durante unos diez minutos.




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